La música

Hacía mucho, pero MUCHO tiempo que no poníamos un test en UMDH.
Y como parte de la campaña del regreso de esa tan querida sección (donde todo lector de este blog está invitado a jugar a dichos tests) empezamos con uno que es “¿Qué iPod sos?“, tratando de ver qué modelo del afamado reproductor portátil de música de Apple es uno.

Y el resultado fue que soy el “classic”, fiel modelo representativo de la marca. El más grande en tamaño, pero también el de más capacidad, y, además, el que tengo yo :), aquel que me gané una vez…

You Are iPod classic
You are a true music lover, and probably a true movie lover as well.
Your iPod doesn’t need all the bells and whistles. It needs a lot of storage.

You want to have your whole music library at your fingertips. You are an expert in choosing the right mood music.
It’s likely that your friends are always asking you for new playlists. You have great taste in music.

¡A descargar!

En estos tiempos en que se libra la batalla entre las descargas “ilegales” y el poder de las discográficas, son muchos los artistas que ponen a disposición de sus seguidores el material para que lo descarguen y disfruten.
Andrea Alvarez es una gran baterista argentina. Ha tocado con Soda Stereo entre otros artistas, y tiene tres discos y un EP como solista.
Ahora lanzó un DVD que la muestra junto a su banda tocando temas de su hasta ahora último disco (Doble A). ¿La sorpresa? Está para descargar en su formato DVD (un precioso archivo ISO para quemar con el Nero u otro programa de grabación), con extras y hasta las tapas para imprimir. También hay archivos más reducidos para Ipod, Ipad y similares.

Aprovechen mientras dura, y vayan a su página oficial para descargarlo.

Mañanitas

Una buena forma de empezar el día es que el random del Ipod te tire, así pegaditas, “Country house” de Blur; y enseguida, la versión de Emilie Autumn de “Always look on the bright side of life” (original de Monty Phyton), donde se reemplazan voces y silbidos por pianos y clavis.

Eso sí, a los 10 minutos te pone un “Meds and feds” de M.I.A. y uno piensa en salir a romper las reglas, subvertir todo, “matar a todo panda que se niegue a reproducirse para perpetuar la especie” (como decía El Narrador en El Club de la Pelea), pensar en la tecnología detrás de una Molotov, y otras preciosidades, justo en estos momentos donde en Medio Oriente varios gobiernos tambalean por el peso de la gente…

Azares musicales

La mayoría de las veces, cuando salgo con el Ipod a cuestas, suelo dejarlo en modo random. A veces selecciono una playlist o los temas de algún artista en particular, pero el modo aleatorio de todo el contenido suele ser el preferido la mayoría de las ocasiones.
Esto hace que a veces ocurran hechos curiosos, como ya he comentado en alguna otra ocasión, referida a trips instrumentales. Otra vez sucedió que me tiró seguidos, uno a continuación del otro, los dos primeros temas de Para las almas sensibles, disco en vivo de Pez, que enganchaditos quedan lindos.
Pero lo de hoy supera aquellas cosas…
El viernes iba en camino al trabajo, caminando, y a unas dos cuadras el random eligió que suene Quiero estar entre tus cosas, un tema muy monono de Daniel Melero, del disco que es solo voz y piano. Lindo tema, agradable para una mañana de primavera.
Lunes, comienzo de la semana. Cargo mis cosas en el bolso, rumbeo por la calle, y, nuevamente, modo random en el Ipod. ¿Que pasó? No sólo volvió a aparecer el mencionado tema de Melero, sino que cuando el reproductor lo eligió, ¡estaba caminando exactamente por el mismo lugar en donde salió elegido la otra vez!

Música para todos, aunque no quieras

Todo el que me conozca aunque sea un poco, sabe que soy un tipo bastante tecnófilo. Siempre me gustó saber de los últimos y extraños gadgets, y sorprenderme diciendo “¡Uy, se viene con todo del Blu-Ray!”, “¿Alguien desea comprar al por mayor una licuadora con conexión USB?” u “¡Oiga señor policía, ahora sacaron un palito de abollar ideologías (copyright Quino) que viene con radio AM y FM!”.
Aunque claro, no dejo de criticar algunas cosas al cohete como las heladeras con conexión a internet o los hornos con televisorcito.

Hoy en día uno se soprende de los aditivos que traen los teléfonos celulares. Aparte del hecho originario que no muchos recuerdan que es el de, justamente, hablar por teléfono, también uno puede sacar fotografías sin flash, filmar con baja resolución, jugar jueguitos y hasta escuchar música. Esto ayuda a que uno no salga tan cargado a la calle y, además, es un incentivo para quienes quisieran tener algunos de estos equipos pero por cuestiones económicas no podrían bancarse el comprar cada uno de ellos por separado.

Hasta aquí, todo bien. Lo que sí me hace dar un poco de ganitas de odiar un poco a esta tecnomanía es el hecho de que la gente olvida que estos preciosos aparatitos que incluyen la posibilidad de escuchar música suelen venir con auriculares. Y si vienen con auriculares es por alguna razón lógica. Por ejemplo, que uno escuche SU música en vez de obligar al resto de la humanidad a hacerlo.

Pasa seguido que uno va viajando y se encuentra con alguien que quiere que todo el pasaje escuche su colección de reggaeton, cumbia, o lo que sea. No es sólo una cuestión de género. La otra vez alguien oía a La Renga y también me molestaba. Señores, señoras, jóvenes y niños: Usen auriculares, que para algo están.

Como corolario, una anécdota que me pasó hace poco en un colectivo. Iba yo viajando sin ningún tipo de “Ayuda para aislarme del resto del pasaje”. O sea, sin reproductor de MP3, Ipod, libro, revista de acertijos, papel para escribir ni nada por el estilo.
Era un viaje largo y al lado mío se para (yo iba sentado) un señor con una radio portátil, de esas que tienen más razón de estar en el estacionamiento de un garage que en un colectivo lleno de gente. Iba escuchando un partido, no recuerdo cuál ni me importa. El tema era que el aparatito lo tenía en la mano, pero mas o menos a la altura de su pupo. O sea, estaba a la altura de mi oído y no el suyo.

Asi que simplemente se produjo el siguiente diálogo:

Emepol: Disculpe, ¿podría bajarle el volumen a la radio?
Señor molesto con radio: Pero quiero escuchar el partido…
Emepol: Yo no.

Y bueno, el señor al menos recapacitó, colocó la radio a la altura de su oído y yo seguí mirando por la ventana sin preocuparme por el resultado de un partido que no quería oir.

Caminata tripera

A mí me gusta mucho colocar el reproductor de música en modo random, en vez de elegir algún artista en particular. No saber qué va a tocar luego, y encontrarse con sopresas. Como hace un rato, con dos temas pegados con largas zapadas que se convirtieron en un trance instrumental del carajo.

Primero surgió “Pedazo de música para escuchar antes de iniciar un extenso viaje por la galaxia a bordo de un barco llamado Ganga Yamuna” de Pez, y luego, pegadito, “Qué rico…” de Los Natas.

Lo que se dice un auténtico trip musical.