Pensamientos subterráneos

No soy de los que habitualmente usan el servicio. Vivo en Beccar y trabajo en San Isidro. Para los lectores que viven en otros lugares, son diez minutos en colectivo, unas 20 cuadras. De hecho, si hay tiempo y el clima está lindo, muchas veces me vuelvo caminando. Sin embargo, luego de ¡diez días! con el servicio cortado vale hacer algunas reflexiones, incluyendo twitteadas varias:

– Los metrodelegados decidieron levantar el paro como “un gesto” para los usuarios. ¡Un gesto hubiera sido levantarlo hace una semana!
– Mientras, la gente se agolpaba en colectivos cual Tetris humano.
– Los taxis también salieron beneficiados, ya que mucha gente para llegar más rápido tomaba este medio de transporte. El bolsillo del usuario, no tan agradecido, se iba vaciando en cada viaje.
-Mientras tanto, en un universo paralelo, el subte anda bárbaro y puntual, y los metrodelegados resuelven sus problemas dialogando.
– El mayor problema fue, justamente, la falta de diálogo. Metrodelegados, gobierno de la Ciudad y gobierno nacional parecían tres entes separados, donde todos competían por ver quién la tenía mas grande y se evidenciaba más que había más ganas de tirar munición contra el resto, que sentarse a arreglar las cosas.

Por ahora, el problema está (probablemente en forma temporal) tranqulizado. Pero, cuesta creer que sea definitivo.

Extraños en la noche

Devolvé la bolsa, ¡Devolvé!
Devolvé la bolsa, ¡Devolvé!
Devolvele a Huguito su generosidad.
Bersuit Vergarabat

Lo ví el otro día por la noche y me llamó la atención.
Cuando llegué a casa Mi Esposa estaba bañándose, o hablando por teléfono (no recuerdo) y pasó y olvidé comentárselo. Hoy, viendo unas filmaciones de un operativo, mi memoria recuperó el sector perdido y me acordé nuevamente del hecho curioso.

Se trató de algo que me llamó poderosamente la atención. Yo había sacado a pasear a Helena (nuestra pichicha), y estaba por cruzar el paso peatonal que atraviesa la vía en la calle que cruza la vía. Por la calle, veo que un chico con una moto de delivery detiene su marcha. Nada raro, probablemente iría a dejar pizza, empanadas, pollo o lo que sea (la cantidad de comidas que se entrega por delivery ha aumentado mucho en estos últimos años).
Cruzo el laberinto de un lado, paso las vías, paso por el otro laberinto. Comienzo a andar por la parte de pasto que recorre la vía pegada a la calle paralela a la vía, lugar que suelo denominar como “Vuelta del Perro”.
Mientras Helena buscaba un lugar para hacer lo que Stephen King llama the poop dance, miro al costado. Veo al muchacho anteriormente nombrado caminando al borde de la vía pero por adentro. Por los pastizales que están ahí a dos metros de los rieles.
Mira, agarra una bolsa tipo supermercado, y se vuelve. La coloca en la parte de atrás de la moto, y parte raudo a otro destino.

Parece que, por lo visto, más que delivery, hacía recievery.

Hombre suburbano

La falta de actualización bloggera a veces te mata.
Lo que nos ocupa es lo siguiente: Estoy (estamos) en pleno proceso de mudanza. Ello conlleva varias etapas: la primera, ya superada, fue el armado previo incluyendo embalaje, tirada de cosas innecesarias, separación de cosas “donables”, etc. El sábado pasado se realizó la mudanza; y ahora uno se encuentra en plena etapa 2, que es la del reacomodamiento, búsqueda de “dónde puede ir tal cosa” y “creo que queda mejor acá”, más separaciones y tiradas, etc.
La movida me ha vuelto a ubicar nuevamente en los suburbios, en pleno centro de Beccar, con lo cual, en cierta forma podría decirse que vuelvo al barrio.
De momento en mi hogar estamos sin conexión a Internet, pero esperamos que el problema se solucionará a la brevedad.
Prometo suministrar más información en breve…

Dia de elecciones

Pequeñas anécdotas sobre el día de las elecciones

– Un matrimonio grande vivió toda su vida en la zona de Martínez y Acassuso, y por ende, siempre votaron allí. Por esas cosas del destino, a ella le tocó votar en Beccar. El votó en Martinez, donde le correspondía.
– Faltando menos de veinte minutos para el cierre oficial de las mesas electorales, entró un hombre muy pero muy tranquilo, al comité possista de Martínez, para preguntar, muy tranquilamente, en qué mesa le tocaba votar. Afortunadamente, votaba a pocas cuadras de allí.
– A una señora de Boulogne la fueron a buscar a la casa para llevarla al colegio donde le tocaba votar. Grande fue la sorpresa de los encargados de llevarla cuando se apareció con un monumental tanque de oxígeno.
– Me informaron que debía ir a buscar a un señor a Beccar para llevarlo a votar. Llego en dos patadas al barrio y en 2450 patadas a su calle (es una zona llena de calles cortaditas). Toco timbre y me atiende. A todo esto, me habían avisado a eso de las 3 PM de ir a buscarlo. Pero nos llegó un poquito tarde la noticia. El hombre me atiende y me dice que él llamó 9 y media de la mañana, que se cansó de esperar y se terminó tomando un remise.
– En un colegio, vaya a saberse por qué causas, un señor decidió atrincherarse en el cuarto oscuro. No quería salir ni votar. Fueron a buscarlo bajo la amenaza de que se lo llevaban. Ahí entonces fue y votó.

Mas allá de todo el anecdotario, se votó y eso es lo crucial.
Y eso creo que es lo que importa, ¿no? Que la gente pueda expresar su conformidad con algun candidato (o disconformidad), votando a quien quiera, en blanco o cortando boleta, pero votando.