Siempre en la pared

Ahora que tiraron el muro de Berlín
[…]
¿Rogelio Aguas seguirá cantando
que hay que derribar los muros?
La Tabaré.
Atención: Si planean ver a Roger Waters y quieren que todo sea una sorpresa, se informa que esta crónica contiene
SPOILERS
Así es… al rato que comienza el show te olvidás de todo lo que rodea al evento. Ya no importa si Waters se juntó con Cristina, con Macri o con quien sea. Ya no pensás en los dichos contradictorios sobre Malvinas, ni en cuánta guita embolsó. Todo eso se diluye una vez que el show empieza, dando lugar a una experiencia sensorial incomparable. Y es que el show de The Wall no es un simple concierto de rock. Más en la línea de un musical, o una “ópera rock”, acá no hay lugar para la improvisación y sí para mostrar lo aprendido en horas de ensayo.El escenario está armado con una pared de grandes y blancos ladrillos a los costados, sobre los cuales se proyectarán animaciones a lo largo del recital. Sobre el “campo”, tres grandes columnas de sonido, mas otras distribuidas sobre las tribunas, lo que provocará impresionantes efectos sonoros. Durante el recital, ametralladoras, helicópteros, gritos y voces sonarán por todas partes.
Ya nomás abrir el show, una columna de fuegos artificiales da lugar a In the flesh?, tema que cierra con una avioneta estrellándose contra parte de la pared. En The thin ice ya comienzan las alegorías antibelicistas (una constante del show) mientras las pantallas muestran imágenes de víctimas de diversas guerras, las cuales habían sido enviadas por fanáticos de Waters antes del inicio del tour.
Al toque, Another brick in the wall Pt. 1; y enseguida, sale el muñeco gigante del profesor de escuela (con haces de luces en los ojos) para The happiest days of our lives, a la que se engancha obviamente Another brick in the wall Pt. 2, para cuya segunda parte sale un grupo de niños a bailar, saltar y enfrentarse al profesor.
La moda retro se hace presente con Mother, ya que las pantallas mezclaban las imágenes actuales con un Waters 30 años más joven. Mientras, otro muñeco se presentaba: la Madre, cruzada de brazos, vigilando atentamente, con sus brazos cruzados. En la pared, la frase “Big brother is watching you” se presentaba con letras tachadas, para cambiar “brother” por “mother”.
Goodbye blue sky presentaba animaciones de aviones bombarderos, donde los misiles eran reemplazados por icónicas representaciones religiosas (estrellas de David, cruces latinas, etc.) y corportavias (como la estrella de Mercedes Benz). A continuación, el enganchadito de Empty spaces y What shall do we do now?. Luego, imágenes de sensuales mujeres acompañarían Young lust. Luego, el ataque de furia de One of my turns.
A todo momento, mientras iban sucediendo las canciones, la pared se iba completando, tapando paulatinamente a los músicos, dejando a la vez más lugar para las proyecciones, como la de las flores en Don’t leave me now, donde aparecería el tercer muñeco de la noche: una mantis religiosa con bikini y labios pintados representando a la ex esposa de Pink.
Llegando al final de la primera parte, vinieron Another brick in the wall Pt. 3 y The last few bricks. El cierre fue con Goodbye cruel world con la pared casi completada, dejando solamente a la vista la cara de Roger entre los ladrillos. Con el último “goodbye”, vino el último ladrillo.Pausa de 20 minutos para ir al baño o descansar. En el muro, más imágenes de fallecidos a causa de las guerras.

La segunda parte abrió con Hey you, con la banda totalmente oculta detrás del muro, al igual que Is there anybody out there?, donde al final se abren dos agujeros en la pared donde se veían a los guitarristas de la banda de sesionistas. Otro hueco se abrió, al costado, en Nobody home, mostrando a Waters inmerso en el papel de Pink, encerrado en cuarto de hotel, mirando viejas películas de guerra.
Vera mostraría a la misma Vera Lynn, para luego fusionarse con imágenes de soldados reencontrándose con sus familiares. El ritmo volvería a subir con Bring the boys back home, donde se citaría en la pared una frase de Eisenhower, cuya traducción sería: “Cada arma que se construye, cada nave de guerra que zarpa, cada cohete disparado significan, al fin y al cabo, un robo a aquellos que tienen hambre y no son alimentados, a aquellos que tienen frío y no son abrigados”.
Cambio de clima y luces, y la llegada de uno de los grandes temazos de Floyd, Confortly numb, con la voz acompañante (quien canta muchos de los fragmentos que solía entonar Guilmour) cantando encima del muro.
La banda comienza a asomarse delante de la pared en The show must go on, ya con sus “vestimentas fascistas” para luego entrar con todo con In the flesh. Rogers interroga a la audiencia, las luces recorren el estadio buscando a quién fusilar. Sobre el cierre instrumental, Waters comienza a ametrallar a los presentes, mientras ráfagas de balas se escuchan desde todos lados.
Sigue la potencia rockera en Run like hell, y ya a esa altura el famoso chancho volador estaba sobre las cabezas de la audiencia. Con Waiting for the worms las proyecciones mostraban a un Waters de la altura del muro, mientras detrás de las columnas asomaban, obviamente, gusanos.
La calma llega con Stop, mientras un muñeco de Pink está postrado encima del muro. Allá abajo, el chancho cayó en el público y era “repartido” entre la audiencia.
The trial muestra la animación de la película, el juicio a Pink, donde declaran su madre, su maestro y su ex esposa. Al final, el juez ordena derribar la pared. Literalmente, la parte central del escenario cae, entre una lluvia de aplausos. El final llegaría con toda la banda de pie, interpretando Outside the wall para finamente retirarse, mientras algunos despistados entre el público aguardan algún bis.

Excelente show. Como única crítica podría hablarse de que gran parte de las proyecciones “en vivo” en realidad estaban grabadas con anterioridad, lo que deja poco lugar a la espontaneidad, ya que todo está ensayado al mínimo detalle. Pero es un espectáculo teatral, qué tanto. Es imperdible, y si estás dispuesto a bancarte esas pelusitas, vas a saborear uno de los mejores duraznos.

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Crónicas de la Riviera Maya – 1: Aeropuertos

Recuerdo que alguien, hace varios años, había posteado en Fidonet una irrefutable verdad: Todos los aeropuertos son iguales. Mas allá de las “pequeñas diferencias“, todos tienen una estructura similar, cual si de un “Manual Arquitectónico de Aeropuertos” se tratase.
Debido a circunstancias imprevistas, tuvimos que cambiar destino y sacar pasajes a último momento. En esos casos hay dos opciones: Pagar mucho (pero mucho) más por un vuelo directo sacado sobre la hora, o hacer extrañas combinaciones. Por motivos que desconozco, incluso a veces es más barato tomar 243 vuelos con trasbordos que uno directo.
Y ese fue el caso. Resultado: Tres aviones y cuatro aeropuertos.

Ezeiza es el aeropuerto que todos conocemos. Amplio, con tres terminales. Llama la atención que no haya carteles indicadores para guiar al desprevenido turista (emigrante o inmigrante) sobre en qué pabellón para tal o cual aerolínea.
También arrastra un problema que se da también en Aeroparque, que es el precio de los kioscos y bares. Carísimos. Incluso para lo que es el promedio de los aeropuertos. Varios de dichos precios rozan lo absurdo, como ya hemos comentado en alguna ocasión. El free-shop es amplísimo como contrapartida positiva.

La primera escala fue en el aeropuerto de Lima, Perú. Fue el que menos pude conocer ya que el trasbordo fue bastante rápido, tanto a la ida como a la vuelta. A la vuelta, incluso, bajamos del avión, recorrimos medio aeropuerto para pasar nuevamente por los controles de seguridad (a pesar de que es dubitativo que uno pueda agregar más cosas a lo que lleva cuando acaba de salir de otro avión), y llegamos a la puerta de trasbordo del otro avión – la cual estaba casi al lado del avión del que acabábamos de descender – unos 10 minutos antes de que comienze el ascenso.
Mas allá de los larguísimos pasillos que hay que atravesar y de que es algo desorganizado el tema del control, me llamó positivamente la atención que casi todos los tachos de basura estaban dispuestos para dividir la basura (orgánicos, papeles, etc.) incentivando la cultura del reciclaje.

Otra escala con trasbordo más tuvo lugar en México D.F. Al igual que la ciudad mencionada, es enorme. A partir de ello, una de las cosas más interesantes que tiene es un trencito que comunica las dos terminales. Sale aproximadamente cada veinte minutos y es exclusivo para los que hacen trasbordos que involucran ambas partes.
También tiene (y esto sí podría ir en las “pequeñas diferencias”) muchos locales (más de lo habitual) y hasta un patio de comidas, donde se ofrece una amplísima variedad de alimentos (comida mexicana, pizza “a la yanqui”, sushi, sandwiches, etc.).

Finalmente, el punto final fue el aeropuerto de Cancún. Cuando uno llega a su destino, obviamente, lo que menos hace es darle bolilla al aeropuerto ya que uno quiere rejarse lo antes posible para comenzar a disfrutar del lugar, o llegar a casa lo antes posible. Si nos llamó la atención la cantidad de gente ofreciendo servicios de taxi y de alquiler de autos en la parte de afuera. Un cartel en el aeropuerto recomienda alquilar solamente en los locales autorizados. Otra cosa extraña: a la vuelta, tuvimos que pagar exceso de equipaje, ¡y no aceptaban dólares! En fin, curiosidades de los aeropuertos del mundo.

Muerte nos junta

Más de uno debe conocer la trama de la serie de films “Destino Final“. La historia de la hasta ahora trilogía (aunque está por salir la cuarta) es bastante similar: Un grupo de personas en algún lugar. De repente vemos un accidente terrible, que hace que todos mueran de manera poco elegante. Al final, vemos que todo ocurrió en la mente de alguno de ellos. Entonces, a partir de algún hecho o diálogo, esta persona se da cuenta de que no fue una simple alucinación, sino que fue más bien una premonición. Se va del lugar junto con otras personas, pero presencian el terrible accidente.
¿Qué ocurre después? Estas personas comienzan a morir de maneras curiosas (al mejor estilo máquina de Goldberg) debido a que estaban destinados a morir, y bueno, el destino es muy caprichoso, especialmente cuando de muertes se trata.

El primer film involucraba un avión que estallaba al poco de despegar. El segundo tiene como protagonista a un choque múltiple en una carretera y el tercero a una montaña rusa bastante insegura. La cuarta, cuyo estreno es 3D es inminente, comienza en un circuito de carreras automovilísticas.
Las muertes son fantásticas e inesperadas y suelen ser el plato principal de esta saga.

Ahora, con todos los correlatos después del accidente del Airbus ocurrido la pasada semana, uno puede llegar a pensar que a veces, la realidad supera a la ficción.

Mujer que se salvó del accidente de Air France murió en un choque, salió publicado por ahí.
Creer o reventar.

Idea para epílogo lostiano

Como buen seguidor de Lost, a veces se me pasan por la cabeza algunas teorías e ideas. Incluso, un par de ellas posteriormente han dado en el clavo, como cuando se reveló (SPOILERS) que el padre de Locke es el verdadero Sawyer; o que la Señora Hawkings es la madre de Faraday (FIN SPOILERS).

Se me ocurrió una idea descabellada para un cierre de la serie, ahora que está cercano el final de su penúltima temporada. No sería el final de los acontecimientos, sino un epílogo, antes de los títulos finales… Dudo que sea así, pero si yo fuera guionista, no sería mala idea.

Vemos una vista de las Barracas (o “New Othertown”). A lo lejos ocurre un incidente, puede ser otro avión que cae, o un barco que naufraga, o algo por el estilo. Se ve gente que sale de las casas. Se aprecian algunos rostros, gente que ha sobrevivido a los acontecimientos finales. Pueden haber algunos sobrevivientes del Oceanic 815, algunos “Otros” (Richard Alpert sería un buen candidato). Finalmente, vemos el rostro de John Locke. Éste mira a sus compañeros, y con rostro superado de alguien que por fin ha encontrado su lugar dice:
– Bueno, muchachos. Ya saben lo que tienen que hacer.

(títulos finales)

Los trenes bala

En estos momentos en que las opciones parecieran ser “está todo bien con el gobierno y son los más grossos y copados del mundo” o “critico cualquier cosa que el mismo haga porque son todos una manga de ya sabés qué” es bienvenido este artículo-del cual me enteré en Fabio.com.ar– de Mempo Giardinelli (publicado hace un par de meses en el oficialista Página/12) criticando muy respetuosamente la idea de construcción del tren bala.

Los trenes bala: Carta abierta a la Presidenta CFK.

Señora Presidenta: En mi carácter de intelectual argentino que vive en el interior del país, me dirijo a usted como uno más entre millones de argentinos que la votamos en octubre pasado, pero también porque fui de los primeros en poner en duda, públicamente, la construcción del llamado Tren Bala. Lo hice desde el inicio de los anuncios, en mayo de 2007, en la revista Debate y en los diarios La Voz del Interior (Córdoba) y Norte (Resistencia). De hecho fui uno de los primeros periodistas que subrayaron la grosera contradicción que es semejante obra en un país ferroviariamente devastado como el nuestro. Por eso me sentí aludido en su duro discurso y me permito replicar con todo respeto sus afirmaciones.

Mi argumentación fue –y la reitero– que más allá de que los trenes bala (el Intercity alemán, el TGV francés o el AVE español) requieren un contexto tecnológico y sociocultural que nosotros no tenemos, en un país en el que los ferrocarriles fueron destruidos de manera vil, y donde el sistema de transporte está colapsado, no tiene sentido ejecutar obras que beneficiarán a pocos pasajeros, los más ricos de las tres más grandes ciudades argentinas. En los AVE españoles, por ejemplo, la capacidad máxima es de 329 pasajeros (38 en Primera, 78 en Preferente y 213 en Turista) y el costo del boleto Madrid-Sevilla, por ejemplo, es de entre 115 y 174 euros. Calculando un promedio de 130 euros para esa distancia (538 kilómetros), implica un costo de 24 centavos de euro por kilómetro. Si lo pasamos a $4,50 por euro, un viaje a Rosario (300 kms) costará $324. Y a Mar del Plata (400 kms) $432.

Esos precios sólo podrá pagarlos una elite. Y si acaso llegaran a ser más bajos será mediante subsidios, con lo que todos los argentinos terminaremos pagando los viajes de esa pequeña clase privilegiada.

Por eso en mis primeras críticas a estos trenes escribí que el anuncio original de que el tren bala Retiro-Rosario costaría 1320 millones de dólares (unos 4000 millones de pesos) conducía insoslayablemente a pensar que semejante masa de dinero podría invertirse –con muchísimas ventajas– en la rehabilitación de ramales que refuncionalizarían nuestro degradado sistema con vías renovadas y trenes comunes mejorados, tanto para el transporte de mercancías como de personas.

¿No sería más sensato contar con trenes de velocidad moderada como el Talgo, que corre a 120 kilómetros por hora y bien podría llegar a Bahía Blanca, Salta, Bariloche, Mendoza o Posadas, y unir al país transversalmente de manera que un misionero que va a Jujuy o Neuquén no tenga que pasar por Buenos Aires, por caso? Esto alentaría, además, una fenomenal recuperación económica en varias provincias.

No soy especialista en trenes, pero algo sé de sentido común y puedo entrever varios problemas colaterales: un tren bala exige una infraestructura de vías especial (el ancho de vías de los europeos es de 1,668 metros); electrificación integral (el AVE utiliza corriente alterna a 25.000 Volts y 50 Hz); protección exterior de las vías con muros o vidrios blindados a ambos lados; señalamiento y comunicaciones sofisticadas con las formaciones en marcha; estaciones intermedias hoy inexistentes; enormes costos de mantenimiento y varios etcéteras.

Ahora mismo, usted anunció el tren bala Buenos Aires-Mar del Plata, a un costo de 600 millones de dólares para que viajen 300 personas en poco más de dos horas, a 250 kilómetros por hora. Yo me pregunto: ¿no sería más razonable y barato estimular la aeronavegación, hoy en tal estado terminal que apenas hay uno o dos vuelos diarios a Mar del Plata, cuando hace años había decenas?

Respetuosamente, Señora, pienso que está mal asesorada. Y es que en su Secretaría de Transporte sigue como titular el señor Ricardo Jaime, que en mi opinión y la de millones de argentinos (estoy convencido de ello, porque los veo padecer) es el más inepto funcionario de la gestión de su marido y de la suya. A la vista está su obra: el colapso ya inaguantable de la aviación comercial; los absurdos subsidios a los pésimos servicios ferroviarios y el deficiente sistema vial que hace que este país todavía no tenga autopistas transversales.

Tanto o más que la crisis energética, hoy el transporte es el mayor freno al desarrollo de la Argentina. Es imposible una política seria de industrialización, pleno empleo e inclusión social en un país desconectado como el nuestro. Es imposible combatir la pobreza y la indigencia que persisten, cuando provincias enteras han sido y son privadas de ferrocarriles y líneas aéreas, y sus caminos son deplorables.

La aeronavegación comercial en Brasil, México, Colombia o Venezuela está a cargo de docenas de aerolíneas que cubren extensos territorios. En cambio nosotros tenemos provincias que tuvieron seis o siete vuelos diarios y ahora sólo uno, o ninguno. Y no basta la condena a Aerolíneas Argentinas, que al fin y al cabo es una empresa privada, extranjera, que bien o mal ha invertido aquí y quiere ganar dinero, lo cual está perfecto. El problema no es esa compañía, sino el descontrol de una gestión oficial ineficiente y dañina.

Entonces, ¿no tenemos el derecho –y como intelectuales, la obligación–- de preocuparnos ante la posibilidad de que los trenes bala sean igualmente descontrolados, además de caros? ¿Es desmesurado pensar en todo lo bueno que se podría hacer en materia ferroviaria con los miles de millones de dólares que costarán los bala? Decir todo esto no es tratar “los temas con ligereza”, Señora, ni es resistencia a los cambios. Sé que usted me lee, y entonces sabe que no formo en las filas, precisamente, de lo que usted bien llamó “el pensamiento conservador”. Y si cabe una confesión cívica, yo la voté a usted porque desde 2003 nos gobierna una administración por lo menos contradictoria, y no, como fueron hasta entonces, gobiernos monocolores en su inoperancia, cretinismo, corrupción o todo eso junto.

Muchos la votamos esperando que usted continúe lo mejor de la gestión de su marido (Educación, Cultura, Defensa, Derechos Humanos, Cancillería, Corte Suprema de Justicia) y que ratifique –como ha hecho– el avance de los juicios a los genocidas. Pero también la votamos con la esperanza de que su gobierno termine con la corrupción; los organismos de control que controlan mal o nada; el clientelismo y la política como negocio y mil asuntos más, como la discriminación gremial a la CTA.

Es perfectamente posible, bueno y cívico hacer esta distinción, y no, como hace la miope oposición que hoy tenemos, ver todo en blanco y negro, o peor, sólo lo negro (aunque desde luego existe y mucho).

Para terminar, con absoluta honestidad y sin ironía alguna, le confieso que no sé si esto que escribo tiene el rigor intelectual que usted demanda, pero sí le aseguro –con el mayor de los respetos– que usted en este asunto está equivocada. Y es mi opinión que la están asesorando mal quienes acaso tienen, como sospechan muchos argentinos, intereses poco transparentes.

Acepte, por favor, mi saludo más respetuoso.

Instrucciones de vuelo…

A bailar, que se viene el fin de semana.

Tema pegajoso e irresistible… algo bizarro también.

¿Vieron que la primera parte del tema es todo léxico de viaje en avión?

PD: Por culpa de esta canción, la otra vez estaba viendo “Snakes on a plane”, y había una parte de la película en donde las azafatas daban las instrucciones, entonces llega la parte donde señalan las salidas de emergencia del avión y casi me empiezo a matar de la risa solo…

[Escuchando: Pez – ” Los lados B “]