Pequeños fracasos

Uno quiere dejar un mensaje en la luneta trasera del auto y, en el proceso, olvida todo lo aprendido en ortografía y gramática durante el colegio.

Cabe decir, más que nunca, que al menos lo intentaron…

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Drogas, ¿para qué?

Una vieja compañera de facultad compartió esta joyita en su muro de Facebook, tomado del blog “La dimensión argentina“:

Esta imagen es uno de esos casos que ilustran perfectamente la falta de criterio a la hora de hacer un letrero. ¿Qué pretende la gente que anuncia? ¿Que dejemos de drogarnos y que nos podamos recuperar? ¿O que dejemos de recuperarnos para así comenzar a drogarnos?

Extraños en la noche

Devolvé la bolsa, ¡Devolvé!
Devolvé la bolsa, ¡Devolvé!
Devolvele a Huguito su generosidad.
Bersuit Vergarabat

Lo ví el otro día por la noche y me llamó la atención.
Cuando llegué a casa Mi Esposa estaba bañándose, o hablando por teléfono (no recuerdo) y pasó y olvidé comentárselo. Hoy, viendo unas filmaciones de un operativo, mi memoria recuperó el sector perdido y me acordé nuevamente del hecho curioso.

Se trató de algo que me llamó poderosamente la atención. Yo había sacado a pasear a Helena (nuestra pichicha), y estaba por cruzar el paso peatonal que atraviesa la vía en la calle que cruza la vía. Por la calle, veo que un chico con una moto de delivery detiene su marcha. Nada raro, probablemente iría a dejar pizza, empanadas, pollo o lo que sea (la cantidad de comidas que se entrega por delivery ha aumentado mucho en estos últimos años).
Cruzo el laberinto de un lado, paso las vías, paso por el otro laberinto. Comienzo a andar por la parte de pasto que recorre la vía pegada a la calle paralela a la vía, lugar que suelo denominar como “Vuelta del Perro”.
Mientras Helena buscaba un lugar para hacer lo que Stephen King llama the poop dance, miro al costado. Veo al muchacho anteriormente nombrado caminando al borde de la vía pero por adentro. Por los pastizales que están ahí a dos metros de los rieles.
Mira, agarra una bolsa tipo supermercado, y se vuelve. La coloca en la parte de atrás de la moto, y parte raudo a otro destino.

Parece que, por lo visto, más que delivery, hacía recievery.

La casa cercana al Unicenter

¿Cabeza duras? ¿Una cuestión de resistencia? ¿De aguante? ¿De raíces?
Difícil determinar la razón…
Todo aquel que vaya al Unicenter Shopping (Martínez) e ingrese por el lado de la calle Edison podrá notar algo curioso. El shopping abarca una ENORME manzana, y sobre ese lado hay una pequeña estación de servicio (conectada también con el estacionamiento de Unicenter) y, al lado, solita, una casa.
Ahí, sola, en medio de la manzanota unicentera, con muros de ligustrinas marcando sus límites, lugar para dos o tres autos y hasta un pequeño jardín a la entrada.
Y es que hay casas enfrente, de ambas puntas del shopping. Pero en el mismo terreno, solamente ésta.
Si uno se pone a pensar, es más que curioso. Una casa sola, en medio de la vorágine. Por un lado, está el problema de la superpoblación que suelen tener dichos lugares en períodos de vacaciones o vísperas de fiestas o eventos comerciales (día del niño, del padre, del hijo, del primo tercero o del amigo del vecino del amigo, por ejemplo). Por el otro lado, tienen la ventaja de que a metros tienen todos los servicios, cine, etc., sin preocuparse porque muy de noche el colectivo suele tardar un par de añitos.

El otro gran problema es que si un día ellos o los herederos de los dueños deciden vender la casa, será difícil saber si alguien desea comprar una casa con esas características.

Dicen los que saben que a los dueños de la casa, la gente de Unicenter les ha ofrecido grandes sumas de dinero para comprarles el terreno, y han recibido negativas.

Realmente curioso, lo de la casa cercana al Unicenter.

El estacionamiento del Unicenter en un día de mucha concurrencia y atrás, la famosa casa.

Calles

Mas allá de que, por lo visto, el tipo está cruzando por una senda peatonal sin semáforo, es realmente llamativo este cruce:

A eso hay que añadirle rotondas como ésta: http://youtu.be/XR0yUrDYnUU, que hacen de Saigón (o al menos de ciertas zonas) un lugar donde el tránsito hace que Buenos Aires parezca un respiro.

Ahora, eso sí, para que sepamos y apliquemos. Si nos fijamos bien, entre medio de todo el tránsito, todos los conductores de motos así como sus acompañantes, llevan casco. Y en la cabeza, no como complemento del brazo.