Ideas

Y otra vez vuelve a pasar…
Ya van dos veces en poco tiempo que mi mente cranea ideas interesantes para hacer un top 5, y antes de que lo haga, aparece un listado del mismo tipo en el portal de Rolling Stone edición argentina.
La primera vez fue con “canciones que no sabías que eran covers”, y ahora nuevamente con “películas que merecen una remake”.

¿Debería hacerlo igual? Por una parte, uno teme ser confundido con un émulo de Nik, copiando a diestra y siniestra. Por otro lado, reconozcámoslo, tampoco son top five demasiado originales.
Así, que, esperen novedades en estos días. Si alguien tiene sugerencias, bienvenido sea…

Siempre en la pared

Ahora que tiraron el muro de Berlín
[…]
¿Rogelio Aguas seguirá cantando
que hay que derribar los muros?
La Tabaré.
Atención: Si planean ver a Roger Waters y quieren que todo sea una sorpresa, se informa que esta crónica contiene
SPOILERS
Así es… al rato que comienza el show te olvidás de todo lo que rodea al evento. Ya no importa si Waters se juntó con Cristina, con Macri o con quien sea. Ya no pensás en los dichos contradictorios sobre Malvinas, ni en cuánta guita embolsó. Todo eso se diluye una vez que el show empieza, dando lugar a una experiencia sensorial incomparable. Y es que el show de The Wall no es un simple concierto de rock. Más en la línea de un musical, o una “ópera rock”, acá no hay lugar para la improvisación y sí para mostrar lo aprendido en horas de ensayo.El escenario está armado con una pared de grandes y blancos ladrillos a los costados, sobre los cuales se proyectarán animaciones a lo largo del recital. Sobre el “campo”, tres grandes columnas de sonido, mas otras distribuidas sobre las tribunas, lo que provocará impresionantes efectos sonoros. Durante el recital, ametralladoras, helicópteros, gritos y voces sonarán por todas partes.
Ya nomás abrir el show, una columna de fuegos artificiales da lugar a In the flesh?, tema que cierra con una avioneta estrellándose contra parte de la pared. En The thin ice ya comienzan las alegorías antibelicistas (una constante del show) mientras las pantallas muestran imágenes de víctimas de diversas guerras, las cuales habían sido enviadas por fanáticos de Waters antes del inicio del tour.
Al toque, Another brick in the wall Pt. 1; y enseguida, sale el muñeco gigante del profesor de escuela (con haces de luces en los ojos) para The happiest days of our lives, a la que se engancha obviamente Another brick in the wall Pt. 2, para cuya segunda parte sale un grupo de niños a bailar, saltar y enfrentarse al profesor.
La moda retro se hace presente con Mother, ya que las pantallas mezclaban las imágenes actuales con un Waters 30 años más joven. Mientras, otro muñeco se presentaba: la Madre, cruzada de brazos, vigilando atentamente, con sus brazos cruzados. En la pared, la frase “Big brother is watching you” se presentaba con letras tachadas, para cambiar “brother” por “mother”.
Goodbye blue sky presentaba animaciones de aviones bombarderos, donde los misiles eran reemplazados por icónicas representaciones religiosas (estrellas de David, cruces latinas, etc.) y corportavias (como la estrella de Mercedes Benz). A continuación, el enganchadito de Empty spaces y What shall do we do now?. Luego, imágenes de sensuales mujeres acompañarían Young lust. Luego, el ataque de furia de One of my turns.
A todo momento, mientras iban sucediendo las canciones, la pared se iba completando, tapando paulatinamente a los músicos, dejando a la vez más lugar para las proyecciones, como la de las flores en Don’t leave me now, donde aparecería el tercer muñeco de la noche: una mantis religiosa con bikini y labios pintados representando a la ex esposa de Pink.
Llegando al final de la primera parte, vinieron Another brick in the wall Pt. 3 y The last few bricks. El cierre fue con Goodbye cruel world con la pared casi completada, dejando solamente a la vista la cara de Roger entre los ladrillos. Con el último “goodbye”, vino el último ladrillo.Pausa de 20 minutos para ir al baño o descansar. En el muro, más imágenes de fallecidos a causa de las guerras.

La segunda parte abrió con Hey you, con la banda totalmente oculta detrás del muro, al igual que Is there anybody out there?, donde al final se abren dos agujeros en la pared donde se veían a los guitarristas de la banda de sesionistas. Otro hueco se abrió, al costado, en Nobody home, mostrando a Waters inmerso en el papel de Pink, encerrado en cuarto de hotel, mirando viejas películas de guerra.
Vera mostraría a la misma Vera Lynn, para luego fusionarse con imágenes de soldados reencontrándose con sus familiares. El ritmo volvería a subir con Bring the boys back home, donde se citaría en la pared una frase de Eisenhower, cuya traducción sería: “Cada arma que se construye, cada nave de guerra que zarpa, cada cohete disparado significan, al fin y al cabo, un robo a aquellos que tienen hambre y no son alimentados, a aquellos que tienen frío y no son abrigados”.
Cambio de clima y luces, y la llegada de uno de los grandes temazos de Floyd, Confortly numb, con la voz acompañante (quien canta muchos de los fragmentos que solía entonar Guilmour) cantando encima del muro.
La banda comienza a asomarse delante de la pared en The show must go on, ya con sus “vestimentas fascistas” para luego entrar con todo con In the flesh. Rogers interroga a la audiencia, las luces recorren el estadio buscando a quién fusilar. Sobre el cierre instrumental, Waters comienza a ametrallar a los presentes, mientras ráfagas de balas se escuchan desde todos lados.
Sigue la potencia rockera en Run like hell, y ya a esa altura el famoso chancho volador estaba sobre las cabezas de la audiencia. Con Waiting for the worms las proyecciones mostraban a un Waters de la altura del muro, mientras detrás de las columnas asomaban, obviamente, gusanos.
La calma llega con Stop, mientras un muñeco de Pink está postrado encima del muro. Allá abajo, el chancho cayó en el público y era “repartido” entre la audiencia.
The trial muestra la animación de la película, el juicio a Pink, donde declaran su madre, su maestro y su ex esposa. Al final, el juez ordena derribar la pared. Literalmente, la parte central del escenario cae, entre una lluvia de aplausos. El final llegaría con toda la banda de pie, interpretando Outside the wall para finamente retirarse, mientras algunos despistados entre el público aguardan algún bis.

Excelente show. Como única crítica podría hablarse de que gran parte de las proyecciones “en vivo” en realidad estaban grabadas con anterioridad, lo que deja poco lugar a la espontaneidad, ya que todo está ensayado al mínimo detalle. Pero es un espectáculo teatral, qué tanto. Es imperdible, y si estás dispuesto a bancarte esas pelusitas, vas a saborear uno de los mejores duraznos.