Bristol

Cuando ocurre un hecho de estas características, es fácil sacar a relucir todo tipo de teorías y conjeturas. ¿Casualidad? ¿Causalidad?¿Accidental? ¿Intencional?  Difícil dar un veredicto definitivo frente a un hecho tan reciente, y poco importa hacerlo en este momento. Cuando corresponda, los peritos darán su veredicto y, si corresponde, se repartirán las culpas y nosotros los vecinos sabremos a quién dirigir nuestras puteadas.
La cuestión es que el cine Bristol de Martínez se ha incendiado este mediodía.

Me enteré casualmente… estábamos almorzando en el trabajo. Charlábamos de todo un poco, las noticias, inseguridad, imaginando que podemos arreglar el país en un almuerzo y sacando a relucir aquella frase que dice “de zurdito y de facho, todo el mundo tiene un cacho”. Como de costumbre, la TV estaba encendida. Suele oscilar entre Mirtha Legrand y algún noticiero (generalmente TN), y generalmente suele terminar en un zapping prevaleciente en estas dos opciones, las cuales disparan a veces algún diálogo en la mesa. En eso algo llamó nuestra atención: se estaba produciendo un incendio en Martínez y por lo que se veía, era cerca del centro. Zonas perfectamente reconocibles, rostros absolutamente familiares frente a las cámaras.
Al rato se veían las cámaras apuntando al interior del teatro, ya en ruinas.

Para quien esto escribe, y seguramente para varios de la zona, el Bristol fue el cine en el cual empezamos a ir al cine sin nuestros padres.
Justamente, hoy hacía una lista de algunas películas (de unas cuantas) que vi en dicho lugar, de donde destaco:
¿Quién es esa chica?: Bodrio de Madonna, que ni ella debe querer recordar y que debería quedar para siempre en una caja fuerte junto a Shangai Suprise.
Critters. Aquel film con los aliens peluditos y hambrientos y los otros aliens “bounty hunters” que los perseguían.
Su nombre es peligro. O The living daylights. El segundo film de James Bond que ví en el cine y el primero al que asistí por motus propio, ritual que se repetiría en los siguientes films de 007, a excepción de Licencia para matar (aclaro, el ritual era ver a 007 en el cine, no necesariamente en el Bristol, de hecho creo que todas las vi en diferentes salas).
– Highlander, peliculón de fines de los ’80, el de los inmortales que peleaban con espadas intentando decapitarse.

En los últimos años, junto con el cambio de costumbres del público cinéfilo que emigraba a otro tipo de salas, el sitio dejó de ser cine para convertirse en teatro. Spinetta, Les Luthiers, Inaki… gran cantidad de artistas subieron al escenario, el cual abarcó un amplio abanico de géneros artísticos. Incluso hace un par de años hubo un evento que recreaba la historia de el tango y San Isidro, en el cual mi viejo estuvo bastante metido.

En suma, un lugar que ha sido significativo para muchos sanisidrenses.

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