Sobre la tecnología, los artificios y las discusiones aburridas

Interesante artículo de Ariel Torres salió la semana pasada en La Nación, acerca de la visita de Peter Gabriel a la Argentina, show que me arrepiento de no haber ido (incluso creo que mucho más que Radiohead). La nota, para el que quiera leerla, está aquí.

Una de las cosas que hay que recalcar es la manera en que Gabriel se acercó a la tecnología. Siempre parece haber una disputa entre quienes propugnan que el uso de elementos tecnológicos pueden quitarle naturalidad al hecho de hacer música (total, nada más natural que amplificadores, micrófonos y enchufes, ¿no?) y los que, por el contrario, parecen quedarse en el excesivo uso de dichas técnicas. Ejemplo, las fiestas electrónicas que rebalsan de samplers y pistas pregrabadas, con poca participación en el escenario.

Creo que el secreto de todo el asunto es que Peter Gabriel es de aquellas personas que comprendieron perfectamente que la tecnología debe estar al servicio de la música y no al revés.

Este viejo y cansino debate podría trasladarse a cientos de ámbitos, no sólo la música. El cine con sus F/X, la industria, la estética personal, la industria cultural en general, los sistemas operativos, las comunicaciones y un sinfín de mundos no escapan a esta eterna discusión, la cual por momentos aburre un poco.

¿Mi opinión? Creo que hay que dejar de pensar en términos de blanco o negro y tomar en cuenta que el gris también existe.
No veo mal el uso de artificios siempre y cuando el resultado no quede en que lo único resaltable es dicho artificio y el conjunto queda relegado. Como decíamos arriba, debe acompañar y no primar. Para sacar de la galera un par de frases hechas podríamos decir que me gusta que el todo sea más que la suma de las partes. Que convivan el estilo y la sustancia.
O, parafraseando a Gabo Ferro cuando hablaba de otra discusión (música vs. industria) , que lo fundamental no se confunda con lo accesorio.

Justamente, y volviendo a la nota que originó este posteo, PG supo combinar elementos de alta tecnología y artificios con los que se adelantó a su época, con sonidos étnicos de diversas partes del mundo.

En suma, dejemos los debates para cosas más importantes, y abracemos el punto medio, qué joder…

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Cuidado con las palabras

A veces llama la atención el uso de las palabras en la TV. No importa si las palabras son las correctas o su utilización, mientras sirvan para titular en forma llamativa una noticia.

Ha salido en todos lados en estos días el caso de un juicio de divorcio en el que el futuro ex-marido quiso presentar como prueba de infidelidad por parte de su esposa un mensaje de texto. Dicha prueba fue rechazada y, en un intento por ocupar espacio libre dejado por la publicidad, los medios se hicieron eco del tema.

No vamos a polemizar sobre las causas del caso, especialmente tratándose de un caso que no se conoce, y principalmente porque no necesariamente la infidelidad tenga que ser la causa de la separación sino que en la mayoría de los casos es un detonante de otras cosas que vienen arrastrándose y que, como dice el refrán inglés, “it takes two to make a quarrel”.

En donde sí nos vamos a meter es en cómo presenta Telefe Noticias el anuncio. En medio de un comercial, anuncian el noticiero de las 20 hs. con esta noticia. Y el locutor dice con su voz más rimbombante:

“Polémico fallo contra la infidelidad”.

O sea, si fallo provocó que sea desestimada la prueba, el fallo no sé si es necesariamente en contra.

Otra prueba más de que se redacta y dice mucho, pero se revisa poco.

Lecciones del día

En esta hermosa ocasión, la gente de espectáculos de La Nación nos enseñan cómo escribir sobre la actuación de la banda telonera de Peter Gabriel intentando disimular que no le dieron ni cinco de bolilla a dicha actuación:

Como postre, Clarín nos enseña que también es posible comerse letras cuando se redacta la editorial del día en el que más se vende el diario más vendido. Y, de paso, que las primeras víctimas de los recortes de la crisis económica, son los redactores.