¿Oximoron informático?

Qué bueno que es que cuando tenés problemas para conectarte a Internet, el sistema de ayuda de Microsoft te sugiera si querés buscar ayuda online.

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Los expedientes secretos F

Lindo quilombete se armó en la semana con el asunto de los cambios en Facebook con respecto a lo que uno deja allí. Salió en todos los diarios, un poco más lo anuncian hasta en SubTV.

¿Fue tan problemático como para rasgarse tanto las vestiduras?
En su blog, Marcelo Lacanna da una interesante explicación.
Pueden leerlo aquí.

Jaime en vivo

Sábado 14 de febrero. Día de bastante calor. Ideal para pasar el atardecer cerca de la costanera, donde suele soplar algo de viento. Y si es escuchando buena música, mucho mejor aún. Y si se trata de ver a Jaime Roos tocando sus clásicos, todavía mejor.

El show empezó con un mini set de Palo Pandolfo. Cuando llegué estaba tocando “Amor (practico el ritual)” de su último disco, Ritual Criollo, junto a la banda que lo acompaña hoy en día, El Ritual (siento una especie de deja vu al leer).
El corto set se basó mas que nada en temas mas viejos, así sonaron por ejemplo “Ella vendrá” de Don Cornelio, en lo que debe ser la versión más ochentosa que haya tocado en los últimos años. De Los Visitantes repasó “Tapa de los sesos”, “Que se abra Buenos Aires” y “Estaré”, ya sobre los bises ejecutados al borde del tiempo pautado. Y de su etapa solista pasó por “Virgen”, “Vamos mujer” y el cierre con “Te quiero llevar”.

Breve pausa para recambio de instrumentos. Al rato salió la banda de Jaime Roos en pleno, haciendo una zapada con el explícito propósito de corregir unos problemas de sonido en el retorno.
Y luego, se hizo la música. El inicio fue con ese temazo llamado “Amor profundo”, una oda al canto, donde afirma que ‘Amor profundo es lo que siento al cantar, poco hay en el mundo que me haga así vibrar’.
Y así fueron pasando los temas. “La canilla”, “Nadie me dijo nada”, “Cometa de la farola”… Los problemas de retorno volvieron en el medio de “Brindis por Pierrot”. Luego de subsanado el inconveniente, arrancaron nuevamente de cero con el tema, una canción ideal para brindar por la tristeza.

Y qué hablar de los músicos que lo rodeaban: guitarra, bajo, teclado, batería, percusión y cuatro cantantes que hacían las delicias de todos los presentes.

El show se acercaba a su fin, y los temas inolvidables seguían pasando. “Que el letrista no se olvide”, “Adiós juventud”, “Cuando juega Uruguay” (tema que te hace dar ganas de pasarse al otro lado e hinchar por “la celeste” cuando de fútbol se trata), y otras grandes canciones.

Ojalá que se repita. Verlo tocar a Jaime es sinónimo de pasar un buen rato.

Aldo

Al principio no caí. Una compañera de trabajo me contó que “falleció Garrido, el policía” y en ese momento, con mi habitual costumbre de no relacionar nombres y caras, no lo ubiqué. Al rato escucho en la tele la noticia de un policía asesinado en el centro de San Isidro, alguien que lo conocía todo el mundo. Y ahí me cayó la ficha.

Muchas veces he criticado a la policía. De adolescente más por una postura rebelde. De más grande, por el hecho de que es observable la complicidad o el desgano con respecto a hechos delictivos de parte de quienes deberían preocuparse por el bienestar de los ciudadanos.

Pero Aldo Garrido era diferente. Nunca hablé con él, salvo algún que otro saludo que nos habremos dado por la calle. Pero si sos habitué de la zona céntrica de San Isidro no podés ignorar quién era. Vos pasabas por la calle y lo veías siempre vestido con su uniforme impecable, siempre con su sonrisa eterna y su mirada amable, saludando a medio mundo y siendo saludado por la otra mitad.

Una clase de policía y también de persona poco común. De aquellas que siempre intentaban disuadir y hablar, antes que castigar y pelear. Si veía alguien en actitud “bardera” se acercaba, intentaba calmar los ánimos. Era una persona convencida de que conversando podían resolverse las cosas.

Ayer a la noche hablaba por teléfono con mi vieja y ella recordaba verlo siempre en las cercanías de la Escuela Nº 1 a la hora de entrada, cuando yo hacía la primaria allí. Y es que, como dije arriba, todos los conocían. Creo que no hacía una semana que lo ví, caminando por la calle Belgrano, repartiendo saludos con todos.

Un asalto a un local de ropa por parte de una pareja determinó su suerte. Según se afirma, al entrar se colocó delante de la mujer, ya que Garrido la confundió con una clienta y se puso delante para protegerla. Ella habría sido quien le quitó el arma y le disparó.

A la marcha y misa acudieron todos. Diferentes clases sociales, ideologías, pensamientos políticos, etc., se dieron cita para homenajear al amigo del centro de San Isidro.

Y es que, a esta altura, cabe sacarse la eterna duda sobre qué hacer con el problema de la inseguridad. Ante cada circunstancia, surgen las voces pidiendo pena de muerte a todo tipo de criminales. Y no, no es así. Así no solucionamos nada. Y, seguramente, Garrido, un tipo que nunca tuvo como primera opción disparar el arma, no lo hubiera querido así.

Ojalá haya más Garridos y menos policías corruptos. Si así fuera, todos empezaríamos a mirar a la policía con mejores ojos, y las cosas realmente podrían mejorar.

Pelado! Sé que sos un pelado…

Primer avistamiento de famoso (?) del año.
Anoche en La Trastienda. Me había acercado allí a tomar y picar algo luego de ver a Jaime Roos en la Costanera (crónica enseguida). Y ahí lo veo pasar y sentarse en las mesitas de afuera al ex gobernador de la ciudad de Buenos Aires, Telerman.
Un poco lógico, si no estoy errado, la familia Telerman tiene algo (o mejor dicho, bastante) que ver con la administración de dicho lugar.

Y bueno, después de todo, siempre es preferible a encontrarse con el Sr. Mauricio…