A dormir

Anoche volvía de la inauguración de la casa de unos amigos en Saavedra. Me acercaban en auto hacia Olivos / La Lucila, y al poco de salir presenciamos un curioso “fenómeno”.
Circulando en auto hacia Cabildo, un taxi que circulaba delante nuestro se detiene al llegar a una bocacalle. Educados como cualquier conductor (?), nos detenemos tranquilamente detrás de él.
Esperamos, esperamos y nada nuevo ocurría. Hasta que nos damos cuenta de que la esquina… ¡No tenía semáforo!
¿Se habrá quedado dormido? pensamos… decidimos hacer lo lógico en esos casos: rodearlo.
Y sí, al pasar por al lado lo vimos al tachero absolutamente apoliyado. Y es más, estaba tan dormido que hasta ya estaba con la cabeza ladeada como quien está por el cuarto sueño. Creo que si uno se bajaba a mirarlo de cerca, seguramente habría descubierto un hilito de baba escapando de la comisura de su boca.

Sólo queda decir: ¡¡NO PODES!!

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